
A pesar de que mis condiciones astrológicas me definen como un tipo de tierra 100%, poseo después de mi comentada ruptura amorosa de principios de año, un gran acercamiento a féminas que por nombre o autodefinición se encumbran como seres espaciales y nocturnas que se acompañan cada noche alumbrando mi camino. Esta mezcla sería perfecta si en mi mente no existieran fantasmas que me mantienen al igual que mi signo pegado a la pacha mama y a la locura del desamor.
Sería todo más fácil si apareciera alguien que diga llamarse América o sueñe convertirse en polvo, para mantenerme sujeto a lo que soy: "un terco impulsivo que sueña con soñar", pero que al momento de las definiciones el bolsillo y el porvenir le pesan más.
Sería todo más fácil si apareciera alguien que diga llamarse América o sueñe convertirse en polvo, para mantenerme sujeto a lo que soy: "un terco impulsivo que sueña con soñar", pero que al momento de las definiciones el bolsillo y el porvenir le pesan más.
Y pensar que cuando estuve bien me jactaba con dejarla y echarme a volar. Ahora que tengo todo a mi favor, las cosas que la tierra me a dado ya no me bastan y espero el momento en que un nuevo amor me convierta en un ser inocente y bondadoso; que no piense en el mañana; que disfrute cada momento y si no es mucho pedir que la tierra no lo absorba si no que lo acompañe como las estrellas a la luna.

