miércoles, julio 12, 2006

EL PREGÓN QUE ME ILUMINÓ


Íbamos camino a Pelluhue, por hay por el año 90’ cuando mi hermana tenía 3 meses de vida y sus padrinos –gente que quiero mucho aunque no recuerdo ni sus rostros- nos llevaban en su Chevrolet por entre los cerros de la cordillera de la costa que por esos lados del país esta alfombrada de bosques. Ellos se hacían acompañar por música andina la misma que en mi casa brillaba por su ausencia. Bueno, como casi todas las demás tendencias musicales debido al monopolio de la radio Aurora (la de la música bonita), que escuchaba mi mamá cuando planchaba los uniformes de colegio. Pero uno de los tantos cassete fue elegido en el momento exacto en que divisé el azul del mar entremedio de los árboles, y fueron justo Los Jaivas los que se escuchaban cantando: “Pregón para iluminarse” y esa primera frase (vengo de la cordillera al mar.:.) hizo que naciera un hippie de 9 años que alucinaba con la vista y el ritmo. Desde ese momento supe que Emmanuel, Raphael, Camilo Sesto y el Puma Rodríguez, eran solo alguno de los cantantes del universo y que las baladas a pesar de su belleza no son la única forma de expresar los sentimientos en una canción… ahh y que si enchufas una guitarra y la distorsionas puede salir algo como Rammstein que por estos días es el pregón que me ilumina.

jueves, julio 06, 2006

Ni 4 HORAS, NI UN LARGO TUR


Por diversas circunstancias de la vida hace más de 15 años que tengo que viajar por lo menos 2 horas diarias en micro, pero por esas cosas de las pegas por estos días se han transformado en por lo menos 4, mucho tiempo me acompañó la 378 y 372, luego la 622, por un breve tiempo la 676 y posteriormente la 694, pero ahora mi amiga es de las nuevitas del Transantiago, me refiero a la 180. Micro que cruza Santiago de sur a norte, trayecto en el cual yo soy el pasajero que nunca se baja y con el que el chofer podría hablar de todos los temas habidos y por haber, pero el tiempo que pierdo no es el punto, si no que como un ser humano puede en tan poco tiempo conocer lugares en los que nunca había estado, ya que siempre le había sido fiel a Vicuña Mackenna, pero encontrarse con la miseria de Santa Rosa, lo extraño de Gran Avenida, lo arribista de Avenida La Florida, pasando por las nuevas carreteras concesionadas, la tercer mundista Indecencia y las cuicas Apoquindo y Vitacura me han ayudado un poco a tratar de entender a este Santiago al que siempre he rechazado y que creo todavía no quiero ni un 5%, porque sigo prefiriendo la micro que va de Longaví a Linares, puede ser porque no hay semáforos en la carretera, porque todavía venden campeones (helados de Talca) en el paradero de la plaza, quizás es porque hecho de menos a mi mamita, además quiero escuchar todo el año que mis ahijados me digan pairino o que por lo menos que después de las 4 horas en micro alguien me sirva una taza de té y me pregunte como me fue…