viernes, octubre 12, 2007

LAS CUCARACHAS SABEN A ACEITUNAS


Nadie sospecharía que un pollerúo como yo vivió un mes lejos de la casa familiar, pero sí. Por esas cosas de las peleas entre hermanos un día tomé mis pertenencias que comenzaban y terminaban con la palabra cama... y me marché.

Cambié el lejano Puente Alto por un céntrico callejón en la intersección de San Isidro con Santa Isabel, ese no es un barrio muy bonito, más bien parece una replica pirata del lejano oeste... pero bueno, era lo que me alcanzaba y no me podía quejar. Tenía 2.5 metros cuadrados para mi solito.

Pensé una tarde, mientras miraba el techo que sería bueno invitar a una dama a mi palacio, pero las ganas se me quitaron rápidamente cuando vi la decoración, que era útil, porque servía para ocultar las grietas en las murallas.

Como solitario que estaba no había otra cosa más que comer. Así conocí una pizzería en la calle Lira... eran exquisitas, ni parecidas a esas que hacen por mayor en los patios de comida rápida. El asunto es que un sábado no fui capaz de terminar con la pizza familiar que me compré, y como un soltero no puede derrochar la comida, la guardé en su cajita y la puse debajo de la cocinilla.

Salí esa noche y al volver de madrugada una hilera de cucarachas me dieron la bienvenida, estaban milícamente formadas y vestidas con su sobrio y característico traje negro. Las miré con asco, pero había tomado unas copas demás por lo que me fui a acostar rápidamente para que la casa de dejara de mover.

Al despertar lo de costumbre, un dolor de cabeza y una sed de moribundo en el desierto... y como ya era hora de almuerzo pensé en terminar la pizza, ni siquiera me detuve a verla ni tampoco a calentarla. Lentamente mastiqué la masa y sus ingredientes para encontrarles algún sabor. Cuando terminé, una imagen apareció por mi cabeza. Era la fila de cucarachas que me saludaron en la mañana, ésta vez no las vi en el pasillo ni tampoco convirtiéndose en Gregor de “metamorfosis” , si no que las imaginé entrando en la caja de la pizza... traté de no ver el envoltorio cuando lo fui a botar... sólo traté de pensar, y hasta el día de hoy... que las cucarachas tienen sabor a aceitunas. ¿ y por qué no? si las mariposas saben a papas fritas.

5 comentarios:

Mono Silencioso dijo...

jajja, gracias por el comentario, pondre la respuesta y este post es genial y divertido, supongo que mas alla del exilio esta el placer de saber que las cucarachas en el futuro no te seran tan desagradables

Anónimo dijo...

mish...le pegas al asuntito este de escribir cosas interesantes y bonitas...no es facil, es un don que Dios te dio, aprovechalo al maximo...

Jenny

Anónimo dijo...

y por que dejaste de vivir solo....
MUCHA SOLEDAD para ti solo?????
es mi sueño frustado el poder vivir sola es lo que mas anhelo. no hay que tener miedo a los cambios todo lo contrario entre mas mejor de esas cosas se basa la experiencia.
ya po quiero saber que pasò que volviste a casa de tus viejos.
saludos
compañera vespertina

Anónimo dijo...

Sobre tus historias, si son interesantes ,entretenidas....
Pero la verdad no es mucho lo k puedo decir sobre tus aceitunas,
cuando recuerdo (y muy claro)
lo k dijiste ese dia en la noche...
ojala no sea cierto y no lo pienses,pero si es asi espero no haberte desilucionado muxo.No es mas lo k puedo decir....y era la unik forma .Cuiddate .
Valeska.

Anónimo dijo...

hay k reconocer k me dio un pokit de saco el termino de tu historia. es casi tragicomik pero es como tu ,no se puede esperar menos ni mas...........